
Todos los presidentes pasaban por el ritual de la cueva, luego del cual salían diferentes. Entraban allí una vez conocido el resultado de la elección y cambiaban en ese lugar su discurso. Se tiene noticia de que el último, antes de instaurarse el gobierno electrónico, tomó una decisión valiente. La cueva fue convertida en museo y hasta el día de hoy pueden verse los huesos del presidente que renunció al cambio tradicional.
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